martes, 21 de enero de 2020

Podría intentarlo.

Después de tantos años, vuelvo al mismo lugar. Más cansada, más herida, sin poder retener el aire en los pulmones...

Dentro de mi corazón, se hizo un vacío. Ya sólo queda una mancha de café en la mesita, un teléfono que jamás sonará y una pena que ahoga. Me he perdido.

Me he perdido intentando amar, ser amada. Algo que jamás tendré... No existo.

Vuelvo a dormir con las manos vacías, la sensación de ausencia el dolor en la garganta por aguantar las lágrimas... Porque qué amargura sería, liberar una pena oscura que amenaza con matarme...

Pero aquí estoy. En la firmeza y el dolor. Estoy siendo un fantasma. Es un paso que me impide ir a algún lugar. Me quedé en medio. Y las paredes se cierran y me aplastan.

Me alejo del camino con un pañuelo en una mano y el frío vacío en otra. Y puedo decir con certeza que, al acabar de relatarles esto, habré muerto tres veces más.

Aún cuando sé que llegará el dia en que no habrá vida. No habrá vuelta. No habrá nada más que tristeza. Y yo ya no estaré, para mirar los ojos del ser que amo. Ya no estaré cerca de su piel y sus manos. De su agudeza y su gracia.

Ya nunca podré ver como lo ilumina todo al pasar. Ya nunca habrá alegría y amor para mi. No valgo. No soy. No existo para él. Ama a otra.

¿Que tristeza va a quitármelo ahora?


Morir, quizás, signifique vivir eternamente. Podría intentarlo...

jueves, 9 de abril de 2015

No deseo volver a creer, pues creer es doloroso delirio de ser concientes que uno o ambos saldremos heridos.

miércoles, 20 de febrero de 2013

La vida hoy parece sonreír. 
La vida nos envuelve en su viaje interminable. 
La vida nos hace sentir eternos. 
Inalcanzables.

martes, 23 de octubre de 2012

A lo largo de la vida conocemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede ser el padre o la madre de tus hijos, esa, es la persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella.
Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderás siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón e impedirán, siempre, alcanzar un final feliz.
Hasta que cierto día dejarás de intentarlo. Te rendirás y buscarás a esa otra persona que acabarás encontrando.
Pero les aseguro que no pasarán una sola noche sin necesitar otro abrazo suyo, o tan siquiera discutir una vez más. Todos saben de qué estoy hablando, porque mientras estabas leyendo esto, te vino su nombre a la cabeza.
Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz (le sustituirás por la calma), pero te aseguro que no pasará un día en sin que desees que estuviera ahí para perturbarte.
Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.
¿Por qué nos empeñamos en cuidar a personas que ni siquiera se dan cuenta de lo que hacemos? ¿Es tan difícil ver lo mucho que le importas a alguien?
Se supone que deberíamos simplemente olvidarnos de todo y superar esas cosas, pero bien sabemos que es casi imposible si verdaderamente te importaba ese algo o alguien.
Sinceramente tener el alma herida es peor que un dolor físico, porque por lo menos en el físico estamos seguros que calmará en unos días y que podemos aliviarlo con un par de medicamentos, pero el dolor en el alma es algo mucho más profundo, más duradero, es contante y no existe medida para describirlo, no hay un medicamento que te alivie momentáneamente, está ahí simplemente y con en tiempo se hace parte de ti.

¿Por qué? Siempre he necesitado la respuesta a esas dos simples y vacías palabras, aunque ya sepa las frases tan usadas que contestarán.
Merezco, aunque sea por una vez, tener las cosas claras y zanjadas, poder decir que conozco a la razón por la que ahora estoy tan herida, decir que quizás sentir esto es sólo culpa mía (aunque bien sé que eso realmente no es cierto). 
Y si, tengo miedo de realmente merecer el dolor pero preferiría eso a seguir estancada en una sola, simple y dolorosa pregunta...

A lo largo de la vida conocemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede ser el padre o la madre de tus hijos, esa, es la persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella. Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderás siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón e impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejarás de intentarlo. Te rendirás y buscarás a esa otra persona que acabarás encontrando. Pero les aseguro que no pasarán una sola noche sin necesitar otro abrazo suyo, o tan siquiera discutir una vez más. Todos saben de qué estoy hablando, porque mientras estabas leyendo esto, te vino su nombre a la cabeza. Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz (le sustituirás por la calma), pero te aseguro que no pasará un día en sin que desees que estuviera ahí para perturbarte. Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Basta encontrarte una vez a ti mismo para saber que jamás te volverás a perder.
Aunque no lo crean es bastante fácil dejarse ir cuando se está a punto de conocer el propio interior y es que la verdad es difícil mantener un amor propio si estamos tan decepcionados y desilusionados con las cosas a nuestro al rededor.
Es por eso, que si lograste llegar a lo más profundo de tu conciencia, no lo dejes ir por nada del mundo. Evita las confusiones y los dolores porque son pasajeros y mejor aferrate a tu propio corazón porque será el quién te dará la paz para continuar en tu camino de ser quién realmente quieres ser.
Vívete, conócete y ámate.